
1 / 5
Hacía años que el Estadio Escribano Castilla no presentaba una imagen semejante. Las gradas se vistieron de gala para albergar una cita histórica en la que las aficiones del CF Motril y del Arenas de Armilla protagonizaron una fiesta del fútbol, con un ambiente de otra categoría y una pasión que acompañó durante los más de cien minutos de juego.
Pero la alegría terminó viajando hacia Armilla. El empate (1-1) en Motril, unido al 1-0 conseguido por los rojiblancos en la ida, otorgó al Arenas el pase a la eliminatoria definitiva por el ascenso a Segunda RFEF frente a la Peña Deportiva Ibiza.
El conjunto motrileño asumió desde el inicio la responsabilidad de buscar la remontada y dispuso de ocasiones para hacerlo, pero volvió a encontrarse con un viejo enemigo: la falta de acierto. Y cuando más abierto estaba el partido, Salvatierra aprovechó el rechace de un penalti para adelantar a los visitantes y dejar la eliminatoria cuesta arriba.
Camacho devolvió la esperanza en el minuto 90 con el empate, desatando la locura en un Escribano Castilla entregado a su equipo. Sin embargo, ni los catorce minutos de prolongación ni el empuje de una afición ejemplar fueron suficientes para derribar la resistencia del Arenas de Armilla, que supo sufrir para sellar una clasificación histórica.
La eliminación deja un sabor especialmente amargo en el CF Motril, que vuelve a quedarse a las puertas del ascenso tras una recta final de temporada marcada por la polémica y las decisiones controvertidas. La derrota ante el colista UD Melilla, en un encuentro condicionado por dos penaltis errados, y la posterior destitución del entrenador a las puertas del play off, se suman ahora a los planteamientos exhibidos durante la fase de promoción, alimentando un debate que exige una profunda reflexión y explicaciones por parte de la entidad.
Porque el Escribano Castilla cumplió. La afición respondió como hacía mucho tiempo que no se veía. Pero, una vez más, el sueño del ascenso se quedó con la miel en los labios.