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El CIS andaluz: una verdad a medias en una victoria anunciada del PP

Motril Digital.– El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, dirigido por José Félix Tezanos, confirma lo que a estas alturas resulta difícil discutir: Andalucía tiene hoy un claro dominador político. El Partido Popular de Juanma Moreno ganaría las elecciones con holgura. Pero, como viene siendo habitual, el CIS no solo mide la realidad: también la matiza, la filtra y, para muchos, la atenúa.

Los datos son claros en apariencia. Más de diez puntos de ventaja sobre el Partido Socialista Obrero Español, liderazgo indiscutido de Moreno y una oposición incapaz de articular una alternativa sólida. Todo ello dibuja un escenario de continuidad política sin sobresaltos. Y, sin embargo, el propio diseño del estudio introduce una duda clave: ¿es esa ventaja realmente de diez puntos o es, en realidad, mayor?

Porque ahí es donde comienza el problema. O, mejor dicho, la sospecha.

 Una cocina discutida

Desde hace años, el CIS arrastra una crítica persistente: la distancia entre sus estimaciones y las de la mayoría de encuestas privadas. En el caso andaluz, esa brecha vuelve a ser evidente. Mientras el organismo público sitúa al PP en torno al 32%, otros sondeos lo elevan con naturalidad por encima del 38% e incluso del 40%.

No se trata de una diferencia menor. Es la distancia entre necesitar socios o no necesitarlos. Entre gobernar condicionado o gobernar con autonomía. Entre depender de Vox o relegarlo a un papel secundario.

La pregunta, por tanto, no es técnica, sino política: ¿por qué el CIS sistemáticamente dibuja escenarios más ajustados cuando la tendencia general apunta a mayorías más amplias?

El relato frente a la realidad

El CIS no suele equivocarse en lo esencial. Detecta bien quién gana. Identifica tendencias de fondo. Percibe cambios de ciclo. Pero falla —o al menos se desvía— en la intensidad de esos cambios.

En Andalucía, la tendencia parece inequívoca: el PP no solo lidera, sino que ha consolidado una posición hegemónica basada en la moderación de su liderazgo y en la debilidad estructural de sus rivales. El PSOE, encabezado por María Jesús Montero, no logra acortar distancias. La izquierda alternativa sigue fragmentada. Y Vox pierde parte de su espacio en favor del propio PP.

Todo ello apunta a una conclusión que el CIS reconoce… pero suaviza: el dominio popular es más profundo de lo que sus cifras reflejan.

 La utilidad política de las encuestas

Las encuestas no solo describen la realidad; también influyen en ella. Y ahí reside la importancia del CIS como organismo público. No es un actor neutral en el ecosistema demoscópico. Sus datos marcan agenda, condicionan debates y ofrecen un marco de interpretación.

Un escenario ajustado moviliza de una manera. Un escenario de mayoría amplia, de otra. La percepción de que “todo está abierto” o de que “todo está decidido” puede alterar comportamientos electorales.

En ese contexto, el CIS no es solo un termómetro. Es también, en cierta medida, un generador de clima político.

Entre la prudencia y la credibilidad

El CIS andaluz vuelve a situarse en esa fina línea entre la prudencia estadística y la pérdida de credibilidad. Su fotografía no es falsa, pero sí incompleta. Reconoce la victoria del PP, pero reduce su alcance. Admite la debilidad de la izquierda, pero no la proyecta en toda su dimensión.

Y en ese matiz —en esos pocos puntos arriba o abajo— se juega mucho más que una cifra. Se juega la interpretación de una etapa política.

Porque, a día de hoy, la duda en Andalucía no es quién ganará las elecciones. La verdadera incógnita es si esa victoria será lo suficientemente amplia como para cambiar no solo el gobierno, sino el equilibrio de poder en la comunidad.

Y esa es una pregunta que el CIS, una vez más, parece preferir dejar abierta.