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Reportaje Ramón Martín (Motril Digital)
La referencia del papa León XIV a la figura de Fray Hernando de Talavera durante su visita a España ha devuelto a Granada a uno de los episodios más singulares de su historia eclesiástica. El Pontífice ha señalado al primer arzobispo de la ciudad como ejemplo de una evangelización basada en el diálogo, la cercanía y el respeto hacia quienes pertenecían a culturas y lenguas diferentes, un modelo que considera plenamente vigente para afrontar los desafíos de las sociedades contemporáneas.
La mención papal ha sido interpretada como un reconocimiento al llamado «método Talavera», una forma de anunciar el cristianismo alejada de la imposición y sustentada en la convicción de que la fe debía proponerse desde la comprensión mutua. El mensaje de León XIV, centrado en la escucha, la acogida y la construcción de comunidades abiertas, encuentra así un inesperado vínculo con la historia de Granada y con uno de los personajes más influyentes de los primeros años del Reino de Granada bajo dominio castellano.
El primer arzobispo de Granada
Fray Hernando de Talavera nació hacia 1430 en Talavera de la Reina (Toledo). Ingresó en la Orden de San Jerónimo y pronto destacó por su formación intelectual y por su austeridad. Su prestigio le llevó a convertirse en confesor de la reina Isabel la Católica, de quien fue uno de los consejeros más influyentes.
Tras la toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492, fue designado primer arzobispo de la ciudad. Sobre él recaía la responsabilidad de organizar la nueva diócesis y favorecer la integración religiosa de una población mayoritariamente musulmana. Frente a las políticas más rigoristas que posteriormente impondría el cardenal Cisneros, Talavera apostó por una vía radicalmente distinta.
La convicción de que la fe no podía imponerse
Su pensamiento estaba marcado por la idea de que la conversión debía ser fruto del convencimiento y no de la fuerza. Defendió una evangelización basada en la paciencia, la enseñanza y el ejemplo personal, convencido de que la violencia y la coacción solo provocarían rechazo.
Para ello promovió el aprendizaje del árabe y alentó la traducción de textos religiosos a la lengua de la población musulmana. Su intención era que el mensaje cristiano pudiera ser comprendido por quienes vivían en el antiguo reino nazarí. La tradición recoge que muchos musulmanes granadinos llegaron a llamarlo «el santo alfaquí», una muestra del respeto que despertó incluso entre quienes no compartían su fe.
También impulsó la publicación de catecismos y materiales de formación, entre ellos la Breve Doctrina, considerada una de las primeras herramientas catequéticas destinadas a facilitar el acercamiento entre culturas diferentes.
Defensa de la convivencia
Fray Hernando de Talavera mantuvo una postura favorable a la convivencia y se mostró contrario a los métodos coercitivos que acabarían imponiéndose años más tarde. Su defensa de una evangelización pacífica le situó en ocasiones en posiciones enfrentadas con sectores más partidarios de las conversiones forzosas y de la intervención inquisitorial.
Al mismo tiempo, organizó la estructura eclesiástica granadina, fundó parroquias, promovió la formación del clero y favoreció el desarrollo cultural y educativo de la ciudad, dejando una profunda huella en la configuración de la archidiócesis.
Cinco siglos después, las palabras de León XIV han recuperado la figura de aquel fraile jerónimo toledano que hizo de Granada el escenario de una experiencia inédita en la España de finales del siglo XV. Su apuesta por el diálogo entre culturas y por una Iglesia cercana y comprensiva es precisamente el legado que el Papa ha querido reivindicar ante los retos del siglo XXI: una evangelización basada en la escucha y en la capacidad de tender puentes en una sociedad diversa.