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Reportaje Paulino Martínez Moré (Motril Digital)
La tarde tuvo más oficio que alegría, más capacidad que brillantez. Los toros de Domingo Hernández, variados en presencia y escasos de entrega en líneas generales, obligaron a una corrida de esfuerzo y recursos en el segundo festejo de la Feria del Corpus de Granada 2026. En ese escenario de escasez, Sebastián Castella volvió a imponer su jerarquía para abrir la Puerta Grande, mientras Daniel Luque dejó una última página de enorme mérito y Miguel Ángel Perera se estrelló contra un lote sin apenas opciones.
Abrió plaza un toro bien hecho, aunque justo de fuerzas, al que Sebastián Castella saludó con suavidad y buen gusto. El francés sufrió una voltereta durante el quite, sin mayores consecuencias, y regresó con determinación para completar unas ajustadas chicuelinas. Ya con la muleta, se encontró con un animal incierto, con peligro y escasa fijeza, ante el que construyó una labor poderosa y seria, siempre por encima de las condiciones de su enemigo. Una estocada eficaz rubricó una actuación de peso premiada con la primera oreja de la tarde.
El segundo cumplió en el caballo y pareció apuntar algo más de fondo, aunque pronto evidenció una embestida falta de entrega. Miguel Ángel Perera trató de encontrar el camino, pero el escaso celo del toro limitó cualquier posibilidad de vuelo. El extremeño dejó una labor de tesón, concluida tras una estocada y un descabello después de escuchar un aviso. El público reconoció su esfuerzo con una ovación.
Con el tercero apareció Daniel Luque, dispuesto a mandar desde el principio. El de Domingo Hernández nunca terminó de definirse, pero el sevillano se impuso con autoridad y temple para someterlo por abajo. Hubo momentos de notable gobierno, aunque la faena no alcanzó mayores alturas debido a la falta de transmisión del animal. Tras la suerte suprema, saludó una ovación.
El cuarto confirmó definitivamente el triunfo de Castella. El toro apuntó buenas maneras en varas, pero fue reservando sus embestidas y complicando las cosas conforme avanzó la lidia. Tiró entonces de oficio el torero francés, corrigiendo defectos y encontrando el sitio exacto para extraer varias tandas de estimable trazo y expresión. Después de un pinchazo y una estocada, paseó una nueva oreja que le abría de par en par la Puerta Grande granadina.
Nada pudo hacer Perera con el quinto. El toro manifestó desde el principio sus limitaciones, sin romper nunca hacia adelante y dejando una sucesión de embestidas deslucidas y sin entrega. El extremeño optó por abreviar con buen criterio. La espada se resistió más de lo deseado y, tras varios intentos y una estocada baja, todo quedó en silencio.
Quedaba el sexto y con él la última apuesta de Daniel Luque. El sevillano salió decidido a jugárselo todo y firmó el saludo capotero más vibrante de la tarde. Delante tuvo un toro parado, defensivo y de escasas posibilidades, pero la capacidad del torero de Gerena apareció en toda su dimensión. A base de mando y firmeza logró hilvanar series de enorme mérito hasta que la condición del animal obligó a torear prácticamente de uno en uno. Fue entonces cuando afloró la verdad del torero, construyendo una faena de poder y entrega que encontró remate en una estocada. El palco concedió una oreja mientras una parte del público pedía con fuerza la segunda.
Así concluyó una corrida marcada por el escaso juego del encierro y por la capacidad de los toreros para sostener el interés. Castella salió a hombros gracias a dos actuaciones de oficio y autoridad; Luque dejó la huella del torero capaz de fabricar emociones donde apenas existían; y Perera, sin suerte en el sorteo, hubo de conformarse con pelear una batalla sin armas.