
La Archidiócesis de Granada y numerosas comunidades parroquiales de la provincia lloran la pérdida de Manuel Molina Calvente, sacerdote granadino que falleció este jueves, 18 de junio, a los 64 años de edad mientras se encontraba de viaje en Grecia. Con su desaparición se marcha una figura profundamente ligada a la vida religiosa de distintos municipios, especialmente a la ciudad de Loja, donde desarrolló buena parte de su ministerio y dejó una huella difícil de borrar.
Natural de Padul, donde nació el 9 de noviembre de 1961, Manuel Molina creció en el seno de una familia formada por Manuel y Antonia. Su vocación sacerdotal cristalizó el 15 de agosto de 1990, fecha en la que fue ordenado sacerdote en Granada. Comenzaba entonces una trayectoria de más de tres décadas marcada por la cercanía con sus feligreses y por una forma de entender el sacerdocio basada en el servicio y el compromiso con las comunidades a las que fue destinado.
Sus primeros años de ministerio transcurrieron entre los pueblos de la Alpujarra granadina. Bérchules, Nieles, Juviles y Alcútar fueron algunos de los escenarios en los que comenzó a tejer una relación estrecha con los vecinos, compartiendo con ellos celebraciones, dificultades y la vida cotidiana de unas parroquias pequeñas, pero profundamente arraigadas a sus tradiciones.
Posteriormente, su labor continuó en Guadahortuna y Torre Cardela, aunque sería en Loja donde escribiría uno de los capítulos más relevantes de su vida sacerdotal. Durante casi dos décadas, entre 2002 y 2021, estuvo al frente de la parroquia de Santa Catalina y ejerció también como administrador parroquial de la iglesia de la Encarnación. Fueron años de intensa actividad pastoral en los que se ganó el cariño y el respeto de generaciones de lojeños, que encontraron en él a un sacerdote cercano y siempre dispuesto a atender las necesidades de sus feligreses.
Su compromiso con la Iglesia granadina fue más allá del ámbito parroquial. Desempeñó responsabilidades dentro de la estructura diocesana como arcipreste del Arciprestazgo de Loja y miembro del Consejo Presbiteral en diferentes etapas. En febrero de 2024 había sido nombrado integrante de la Comisión Permanente de este órgano consultivo y, desde septiembre de 2021, ejercía como párroco in solidum moderador de la parroquia de la Encarnación de Albolote.
Tras conocerse la noticia de su fallecimiento, la Archidiócesis de Granada ha querido expresar públicamente su gratitud por la vida y el ministerio de Manuel Molina Calvente, destacando la fidelidad con la que vivió su vocación y la impronta que deja en las numerosas comunidades a las que sirvió a lo largo de más de treinta y cinco años de sacerdocio.
Su muerte cierra una vida de entrega silenciosa y constante, pero abre también el recuerdo de quienes compartieron con él la fe, las celebraciones y el día a día de unas parroquias en las que su presencia formó parte inseparable de la vida de cientos de familias granadinas. Un legado construido desde la sencillez y la dedicación que permanecerá vivo en la memoria de quienes lo conocieron.
Descanse en paz.