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Motril.- La flota de arrastre echa el ancla: costes disparados y precios hundidos asfixian al sector

El puerto pesquero de Motril ofrece estos días una imagen poco habitual: barcos amarrados, cubiertas en silencio y una actividad que, lejos del bullicio diario, se ha ralentizado a la espera de tiempos mejores. Detrás de esta estampa hay una realidad cada vez más difícil de sostener para la flota de arrastre, atrapada entre el encarecimiento del combustible y un mercado que no responde.

Salir a faenar ya no garantiza ingresos. El gasóleo, que supone uno de los principales costes de cada jornada en el mar, se ha disparado hasta niveles que hacen tambalear la rentabilidad. A ello se suma la caída de los precios del pescado en lonja, presionados por un consumo irregular y por la competencia de producto importado. El resultado es un equilibrio imposible: gastos al alza y beneficios a la baja.

En este contexto, cerca de la mitad de las embarcaciones de arrastre del puerto —cinco de unas trece— han optado por parar. No es una decisión sencilla, pero sí pragmática: seguir saliendo supondría, en muchos casos, trabajar a pérdidas. La parada, planteada como temporal, es también una forma de ganar tiempo mientras el sector espera algún cambio en las condiciones del mercado o en el coste del combustible.

Sin embargo, la crisis no es solo coyuntural. Bajo la superficie hay problemas más profundos que llevan años afectando a la pesca. Uno de los más evidentes es la falta de relevo generacional. Cada vez menos jóvenes están dispuestos a embarcarse en una profesión exigente, marcada por la incertidumbre y el esfuerzo físico. Esto ha obligado al sector a apoyarse en trabajadores extranjeros, especialmente procedentes de países como Senegal y Marruecos, cuya presencia resulta hoy imprescindible para mantener la actividad.

Aun así, incorporar nueva mano de obra no es inmediato. La pesca requiere formación específica, adaptación al entorno marítimo y, en muchos casos, superar barreras idiomáticas que dificultan la integración. Por eso, desde la Cofradía se insiste en la importancia de facilitar vías legales que permitan regularizar a quienes ya están trabajando o desean hacerlo, como una medida para dar estabilidad al sector.

Lo que ocurre en Motril es, en el fondo, el reflejo de una transformación más amplia. La pesca tradicional se enfrenta a un escenario cambiante, donde los costes no dejan de crecer y el mercado se vuelve cada vez más imprevisible. En medio de esa incertidumbre, la flota resiste como puede, consciente de que su futuro dependerá no solo de soluciones inmediatas, sino de cambios estructurales que devuelvan la viabilidad a una actividad esencial para la economía local.