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Reportaje Ramón Martín (Motril Digital)
Las últimas 48 horas de Guardias Civiles Solidarios en Lima estuvieron marcadas por el agradecimiento a quienes hicieron posible su trabajo sobre el terreno y un encuentro con una diputada peruana. La colaboración de Mitsubishi Motors, el apoyo de la filántropa Cristina Matossian y la mediación de Roberto Arrieta permitieron cerrar la expedición con nuevas vías de cooperación institucional.
LIMA (Perú).– Después de superar las dificultades de la cordillera andina y entregar la ayuda humanitaria en el Hogar Nazaret de Bellavista, los integrantes de la Operación Juanvi regresaron a Lima para afrontar dos últimas jornadas, los días 28 y 29 de septiembre, que terminarían teniendo una importancia especial. Lejos de limitarse a preparar el regreso a España, la expedición de Guardias Civiles Solidarios dedicó sus últimas horas en Perú a agradecer el apoyo recibido y a establecer contactos que podrían facilitar futuras iniciativas solidarias.
La misión había permitido conocer de primera mano las necesidades de diferentes instituciones asistenciales peruanas, pero también había puesto de manifiesto que trasladar ayuda desde España exige mucho más que reunir donaciones y organizar su transporte. Detrás de cada entrega existe una red de colaboradores cuya intervención resulta fundamental, especialmente cuando surgen dificultades lejos de los lugares habituales de trabajo.
El día de los agradecimientos
El 28 de septiembre comenzó con una gestión que simbolizaba buena parte del esfuerzo realizado durante los días anteriores: devolver la Mitsubishi Montero Sport que había acompañado a la expedición por las carreteras del interior peruano.
El todoterreno había sido cedido gratuitamente por MC Autos del Perú S.A.C., representante de Mitsubishi Motors en el país, cuya colaboración permitió a los integrantes de Guardias Civiles Solidarios disponer de un vehículo adecuado para afrontar los desplazamientos más exigentes de la misión.
Aquella aportación empresarial fue mucho más que una facilidad de transporte. Contar con un vehículo de estas características había resultado especialmente importante durante el acompañamiento del camión que trasladaba el material humanitario hasta la región amazónica de San Martín.
Pero la jornada reservaba un encuentro todavía más personal.
Los integrantes de la Operación Juanvi pudieron reunirse durante varias horas con Cristina Matossian Osorio de Pardo, presidenta de la Asociación de Hogares Nuevo Futuro Perú y una de las personas que más había contribuido, desde la discreción, al desarrollo de la expedición.
Española afincada desde hace décadas en Perú, Matossian ha dedicado buena parte de su vida a la protección de menores en situación de desamparo. Su trabajo al frente de Nuevo Futuro Perú, una organización dedicada a la acogida y atención de niños privados de un entorno familiar adecuado, la ha convertido en una figura de referencia dentro del ámbito social peruano.
Su trayectoria fue reconocida el pasado mes de julio por el Gobierno de Perú con la Orden al Mérito por Servicios Distinguidos, en el grado de Comendador, una distinción que reconoce su prolongada dedicación a la infancia vulnerable.
Para Guardias Civiles Solidarios, sin embargo, su nombre había adquirido un significado especialmente cercano mucho antes de aquel encuentro.
Cristina había sido una de las personas que, mediante contactos y gestiones realizadas a distancia, ayudaron a resolver dificultades logísticas y a conseguir apoyos imprescindibles para la misión. Entre ellos, su mediación para incorporar la colaboración de MC Autos del Perú y disponer del todoterreno utilizado durante el recorrido.
Hasta entonces, buena parte de esa relación se había desarrollado mediante conversaciones telefónicas y mensajes. El encuentro en Lima permitió finalmente poner rostro a una colaboración que había resultado decisiva.
Fueron horas de conversación, de intercambio de experiencias y, sobre todo, de agradecimiento. La despedida, marcada por un abrazo sincero, puso el broche personal a una jornada dedicada a reconocer el trabajo de quienes habían contribuido a que la ayuda llegara a sus destinatarios.
Una puerta abierta en el Parlamento peruano
El 29 de septiembre, cuando apenas quedaban unas horas para emprender el regreso a España, la expedición afrontó un último compromiso que no figuraba entre las entregas de material, pero que acabaría convirtiéndose en uno de los encuentros institucionales más relevantes del viaje.
Gracias a la mediación de Roberto Arrieta Alemán, colaborador de la misión durante su estancia en Perú, los representantes de Guardias Civiles Solidarios fueron recibidos por Pierangeli Daniela Dodero Jovich, diputada de la República del Perú.
La parlamentaria, representante de Lima Metropolitana para el periodo 2026-2031, desarrolla parte de su actividad legislativa en materias relacionadas con la inclusión social y la protección de colectivos vulnerables. Entre sus iniciativas se encuentra una propuesta destinada a combatir la anemia y la desnutrición infantil, dos problemas que afectan especialmente a sectores desfavorecidos de la población peruana.
El encuentro permitió a los integrantes de la Operación Juanvi explicar el trabajo desarrollado durante su estancia en el país y compartir algunas de las realidades que habían conocido en las instituciones y comunidades visitadas.
La conversación abordó las necesidades de la infancia, las dificultades que afrontan las organizaciones humanitarias para desarrollar su actividad y los obstáculos encontrados durante los desplazamientos por el interior de Perú.
También hubo ocasión de trasladar la experiencia acumulada en la gestión de las donaciones procedentes de España, cuya distribución había podido completarse prácticamente en su totalidad, aunque permanecían pendientes algunas cuestiones administrativas menores.
Más allá de las incidencias concretas, la reunión sirvió para plantear la importancia de facilitar la cooperación internacional y mantener canales de comunicación que permitan dar continuidad a futuras iniciativas.
Dodero mostró interés por el trabajo de Guardias Civiles Solidarios y disposición a colaborar dentro de sus competencias. El encuentro abrió así una vía de interlocución institucional que podría resultar útil para próximos proyectos, sin que ello suponga la existencia de un acuerdo formal o compromisos ya materializados.
Una misión que encontró aliados en Perú
La reunión con la diputada permitió cerrar la estancia en el país con una perspectiva diferente a la que había acompañado a la expedición durante las entregas.
Hasta entonces, el trabajo había estado centrado en trasladar y distribuir el material, conocer las necesidades de las instituciones beneficiarias y comprobar personalmente que las donaciones alcanzaban su destino.
Las últimas horas en Lima mostraron otra dimensión de la cooperación humanitaria: la necesidad de contar con interlocutores capaces de ayudar a resolver problemas, facilitar gestiones y mantener abiertas las posibilidades de colaboración.
La empresa privada, a través de MC Autos del Perú, había aportado un recurso fundamental para los desplazamientos. Cristina Matossian había puesto su experiencia y su capacidad de mediación al servicio de la expedición. Roberto Arrieta había contribuido a facilitar contactos y acompañar distintas gestiones, incluida la reunión parlamentaria que puso fin a la agenda institucional.
Tres formas diferentes de colaboración que terminaron confluyendo en un mismo objetivo: facilitar que el esfuerzo realizado por Guardias Civiles Solidarios desde España pudiera traducirse en ayuda efectiva sobre el terreno.
Para una organización cuyos integrantes dedican parte de sus vacaciones y recursos personales a desarrollar proyectos humanitarios, disponer de este respaldo representa una aportación difícil de medir únicamente en términos económicos.
Mucho más que una despedida
La Operación Juanvi abandonó Perú el 29 de septiembre después de completar una misión que había exigido meses de preparación, coordinación con entidades locales y un intenso trabajo durante su estancia en el país.
Las últimas 48 horas no estuvieron dedicadas a nuevas entregas, sino a reconocer el apoyo recibido y a intentar que la experiencia acumulada pudiera servir para futuras actuaciones.
El encuentro con Cristina Matossian permitió agradecer personalmente una colaboración que había permanecido en buena medida fuera de las fotografías. La reunión con Pierangeli Dodero llevó hasta el ámbito parlamentario las inquietudes de una organización que había conocido directamente las dificultades y necesidades de diferentes comunidades peruanas.
No todas las gestiones podían quedar resueltas antes del regreso a España, pero la expedición dejó abiertas relaciones que podrían facilitar nuevos proyectos.
Porque una operación humanitaria no termina necesariamente cuando se entrega el último cargamento. También importa quién permanece al otro lado, quién está dispuesto a colaborar y qué posibilidades quedan abiertas para continuar ayudando.
En Lima, durante aquellas dos últimas jornadas de septiembre, Guardias Civiles Solidarios pudo comprobar que la Operación Juanvi había conseguido algo más que llevar material desde España: había encontrado personas e instituciones dispuestas a escuchar, colaborar y mantener vivo el contacto una vez concluido el viaje.