TÁNTALO por Miguel Ávila Cabezas
No hay alabanza en las escorias ni en los lavaderos de antracita ni en los prostíbulos de carretera donde las chicas del Este mueren jóvenes. (Juan Carlos Mestre)
La escena se desarrolla en un prostíbulo de carretera de nombre harto sugerente. En la barra del bar se desarrolla el siguiente diálogo entre el avezado cliente (AC.) y ELLA. Luz propia.
ELLA: (Acercándose solícita.) Hola, guapo, ¿me invitas a una copa?
AC.: A una no, a dos.
ELLA.: Bueno, de momento invítame a una y después ya veremos.
AC.: ¿Ya veremos qué?
ELLA: Pues eso, que ya veremos la segunda. No pensarás que me voy a tomar las dos copas a la vez.
AC.: ¡Ah!, no te preocupes. Es mi manera de hablar. Tan sólo te quería decir que estoy dispuesto a invitarte a todas las copas que te apetezcan, siempre y cuando permanezcas aquí conmigo y no te vayas con otro.
ELLA: ¿Con otro? Si los únicos que estamos aquí somos tú y yo. No creo que vaya a venir ningún otro, pero si así fuera ten por seguro que yo de tu lado no me muevo.
AC.: Eso que acabas de decir me parece muy bien. Sospecho que esta noche nos vamos a llevar de maravilla.
ELLA: Por supuesto. La noche es larga y la vida es corta. Hay que aprovechar hasta el último segundo, ¿no te parece?
AC.: No entiendo qué quieres decir. ¿Hasta el último segundo de qué?
ELLA: De qué va a ser, de vida. Hasta el último segundo de vida. Cualquiera sabe lo que nos puede suceder dentro de un segundo.
AC.: O de dos. (Ríen ambos.)
ELLA.: O de tres.
AC.: ¡Para, para, que como sigamos así, de segundo en segundo, podemos llegar hasta el día del Juicio Final!
ELLA: (Abstraída, para sí.) Del Juicio Final…
AC.: ¿Cómo dices?
ELLA: No, nada. Me ha hecho gracia eso del Juicio Final.
AC.: Ya sabes, es mi manera de hablar.
ELLA: Por cierto, ¿a qué te dedicas?
AC.: Últimamente a nada en concreto. Aunque parezca exagerado lo que te voy a decir, estuve un tiempo trabajando de sicario, pero lo dejé.
ELLA: ¿De sicario? ¡Qué fuerte!, ¿no?
AC.: Bueno, depende de como se mire. La de sicario es una profesión como otra cualquiera, como… como… banquero, militar, policía, político o mamporrero.
ELLA: ¿Mamporrero? ¿Qué es eso de mamporrero?
AC.: Mejor te lo explico cuando subamos a tu habitación. Porque tendrás una habitación para ti, ¿no?
ELLA: No entiendo. ¿Mi habitación?
AC.: Sí, la habitación donde después tú y yo vamos a…
ELLA: ¿A qué?
AC.: A qué va a ser, a eso que tú ya sabes. No querrás que sea más explícito.
ELLA: (Melosa.) No, tonto, sé perfectamente a lo que te refieres. Me estaba haciendo de nuevas. ¿Quieres que subamos ya?
AC.: Bueno…, antes podríamos apurar las copas que todavía nadie nos ha puesto. Por cierto, ¿quién sirve aquí?
ELLA: ¿Aquí? Nadie. ¿No ves que no hay nadie tras la barra, que en este local solamente nos encontramos tú y yo?
AC.: No me digas. Entonces… cómo te puedo invitar a una copa, si no hay nadie que la sirva.
ELLA: (Esgrime una enigmática sonrisa.) ¿A una copa? ¿Has dicho a una copa? ¿No era a dos?
AC.: A dos no, a tres o más, si es preciso. (Ríe tan sólo él, mientras ELLA se le queda mirando muy fijamente a los ojos.) ¿Qué haces? ¿Por qué me miras tan fijamente?
ELLA: ¿De qué color tienes los ojos?
AC.: ¿A qué viene ahora esa pregunta? ¿Para qué quieres saber de qué color tengo los ojos?
ELLA: Simple curiosidad. Que sepas que el color de los ojos dice mucho de la personalidad de quien los tiene.
AC.: Los tiene el qué.
ELLA: El qué va a ser, los ojos. Seguramente tú, que has sido sicario, es decir, asesino a sueldo, seguro que los tienes marrones o negros. ¿Me equivoco?
AC.: Supongo que no, aunque nunca me he fijado. Yo creo que, en función de las circunstancias, me cambian de color. Hoy negros, mañana verdes y pasado mañana azules. Soy un hombre de personalidad voluble, qué quieres que te diga.
ELLA: (Resolutiva.) Vamos.
AC.: ¿A dónde?
ELLA: A mi habitación. Quiero ver allí cuál es ahora el color de tus ojos
AC.: ¿Y por qué no lo compruebas aquí? Todavía no hemos tomado nada. Y yo tengo una sed que me muero.
ELLA: Como Tántalo.
AC.: ¿Tántalo? ¿Quién es ese? No me suena.
ELLA: Lo sabrás pronto. Se encuentra en mi habitación. Vamos. Yo te llevo. Cógete de mi mano. Está todo muy oscuro. Vamos.
AC.: Pero…
ELLA: Vamos. Ya es la hora.

