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Fotos de archivo Ramón Martín (Motril Digital)
Granada vuelve a temblar. La sucesión de terremotos registrada durante los últimos días ha devuelto a la población el recuerdo de que la provincia se encuentra en una de las zonas con mayor actividad sísmica de la Península Ibérica. Sin embargo, lo que está ocurriendo estos días no es un fenómeno aislado: la Vega de Granada lleva décadas registrando periodos de actividad sísmica, con terremotos que se concentran durante determinadas etapas y que después dan paso a periodos de mayor tranquilidad.
La explicación se encuentra bajo tierra. La Cordillera Bética presenta una compleja red de fallas activas y una actividad tectónica relacionada con el movimiento entre las placas africana y euroasiática. En la zona de Granada predominan los terremotos superficiales, generalmente de magnitud baja o moderada, aunque la historia demuestra que también pueden producirse movimientos de mayor intensidad.
Los estudios realizados durante años han permitido identificar en la Vega diferentes sistemas de fallas responsables de buena parte de esta actividad. Las investigaciones desarrolladas tras el gran enjambre sísmico de 2020-2021 concluyeron que las fallas normales de la Cuenca de Granada están detrás de la frecuente sismicidad que afecta al área metropolitana.
Y los antecedentes son numerosos. Granada ha vivido a lo largo de su historia diferentes episodios de concentración de terremotos. La actividad puede aparecer durante semanas o meses y posteriormente disminuir, antes de volver a incrementarse años después. Esta característica ha llevado a los especialistas a estudiar la sismicidad granadina como un fenómeno recurrente y no como episodios completamente independientes.
Uno de los ejemplos más recientes se produjo entre finales de 2020 y 2021, cuando la Vega de Granada registró un importante enjambre sísmico. Durante aquel periodo se llegaron a contabilizar centenares de movimientos, muchos de ellos de pequeña magnitud, aunque algunos fueron suficientemente fuertes como para ser sentidos claramente por la población. Los estudios posteriores permitieron conocer mejor el sistema de fallas y su comportamiento.
Ahora, cinco años después, la tierra vuelve a moverse en buena parte del mismo entorno. La actual serie sísmica, iniciada en agosto de 2026, ha dejado varios terremotos de magnitud moderada, entre ellos uno de de magnitud 5, acompañados de numerosas réplicas. El propio IGN ha documentado varios terremotos superiores a magnitud 3,5 dentro de esta secuencia y señala que algunos de ellos se produjeron a muy poca profundidad.
La comparación con episodios anteriores resulta inevitable, pero hay una cuestión que la comunidad científica mantiene clara: la actividad sísmica no permite anticipar cuándo se producirá el siguiente terremoto ni qué magnitud tendrá. Las fallas pueden permanecer durante largos periodos sin generar movimientos importantes y volver a activarse posteriormente.
Precisamente por ello, los especialistas han insistido durante años en la importancia de conocer el riesgo y de aplicar medidas de prevención. Granada es una zona sísmica conocida y estudiada, y la existencia de terremotos frecuentes de pequeña magnitud forma parte de su comportamiento geológico. Que se produzca un enjambre no significa necesariamente que vaya a llegar un terremoto mayor, pero tampoco permite descartarlo únicamente observando la sucesión de pequeños movimientos.
La historia ofrece, además, una advertencia. La provincia y su entorno han sufrido terremotos destructivos en el pasado, lo que demuestra que la peligrosidad sísmica no es únicamente una cuestión teórica. Por eso, más allá de la magnitud de cada temblor, la clave está en la preparación de los edificios, el conocimiento de las medidas de autoprotección y la vigilancia permanente de la actividad sísmica.
La tierra granadina, en definitiva, no ha empezado a temblar ahora. Lo hace desde mucho antes de que existieran instrumentos capaces de registrar cada movimiento. Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para detectarlos, estudiarlos y conocer mejor las fallas que recorren el subsuelo.
Y mientras la actual serie pierde intensidad en algunos momentos y vuelve a registrar nuevos movimientos en otros, Granada afronta una realidad que forma parte de su propia geología: vivir sobre una tierra sísmicamente activa y aprender a convivir con ella.
Los terremotos registrados en Granada durante los últimos días han puesto el foco en el estado de los edificios más antiguos y en aquellos que ya presentaban patologías. Desde el inicio de la serie sísmica se han recibido más de 3.000 solicitudes de intervención y se han revisado cientos de inmuebles, aunque las inspecciones realizadas hasta ahora apuntan a que la mayoría no presenta daños estructurales graves.
La vigilancia se centra especialmente en elementos como cornisas, petos, chimeneas, fachadas y revestimientos, que pueden sufrir desprendimientos incluso cuando la estructura principal permanece estable. La situación ha obligado también a adoptar medidas preventivas en algunos inmuebles, como ocurrió en Armilla, donde fue desalojado un edificio de 46 viviendas tras detectarse grietas en varios pilares.
Los técnicos recuerdan que la antigüedad, por sí sola, no determina la seguridad de un edificio. Su vulnerabilidad depende también del sistema constructivo, el estado de conservación, posibles modificaciones realizadas a lo largo del tiempo y las características del terreno. Por ello, ante una sucesión de terremotos como la actual, la inspección técnica de cada inmueble resulta fundamental para determinar si existen daños que puedan comprometer su seguridad.
Por el momento, las réplicas no han provocado un aumento significativo de los daños estructurales previamente detectados, aunque se mantiene la vigilancia ante posibles desprendimientos y nuevas incidencias.