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Reportaje Ramón Martín (Motril Digital)
Granada volvió a volcarse este martes con su Patrona, la Virgen de las Angustias, en una jornada marcada por la devoción, las flores y también por las consecuencias de los terremotos que obligaron a trasladar la tradicional Ofrenda Floral desde la fachada de la Basílica hasta la Catedral.
Desde las 10.00 horas, los granadinos fueron acercándose hasta la Plaza de las Pasiegas para entregar sus ramos a la Virgen, en una celebración que este año adquirió un carácter especial al celebrarse fuera de su emplazamiento habitual debido a los desperfectos sufridos por la Basílica de las Angustias.
El momento central de la jornada se produjo a partir de las 17.00 horas, cuando comenzaron a llegar grupos, asociaciones, colegios, organizaciones, corporaciones cofrades y particulares para participar en la gran Ofrenda. También estuvieron presentes autoridades eclesiásticas, civiles y militares. El arzobispo de Granada, José María Gil Tamayo, realizó la primera ofrenda junto a la Hermandad en nombre de toda la Archidiócesis.
La jornada estuvo marcada por el carácter solidario de la convocatoria. Los donativos vinculados a la Ofrenda se destinaron tanto a la atención de las 450 familias beneficiarias de la Obra Social de la Hermandad como a contribuir a la restauración de los daños ocasionados por los terremotos en la Basílica de las Angustias.
El traslado de la celebración convirtió la Plaza de las Pasiegas en el nuevo punto de encuentro de miles de granadinos. Los particulares accedieron por este enclave y abandonaron el recinto por la Plaza Alonso Cano, mientras que los grupos entraron por Pie de la Torre y salieron hacia Marqués de Gerona.
La Virgen de las Angustias había presidido también durante la mañana la celebración de la Eucaristía en la Catedral, donde permaneció durante la jornada antes de regresar posteriormente a la iglesia parroquial del Sagrario, templo al que fue trasladada con motivo del cierre de su sede habitual.
El regreso se produjo en un breve recorrido que volvió a congregar a numerosos granadinos, que acompañaron a la Patrona en su llegada al Sagrario, donde permanecería durante la Solemne Novena en su honor, celebrada del 17 al 25 de septiembre.
La celebración de este año dejó así una imagen inédita: la devoción de Granada a su Patrona se trasladó de manera excepcional a las puertas de la Catedral, mientras la Basílica de las Angustias continuaba cerrada a consecuencia de los daños provocados por los terremotos.