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Reportaje Ramón Martín (Motril Digital)
Más de 400 especialistas participan desde este miércoles en la Universidad de Granada en el XXVII Congreso Español y VIII Congreso Ibérico de Ornitología. La inauguración reunió a representantes científicos e institucionales y estuvo marcada por la entrega de los Premios Francisco Bernis, entre ellos el concedido a la Sociedad Ucraniana para la Protección de las Aves por continuar su labor en plena guerra.
Granada se convirtió este miércoles, 2 de septiembre, en punto de encuentro de la ornitología española y portuguesa con la apertura del XXVII Congreso Español de Ornitología y VIII Congreso Ibérico de Ornitología, que reúne en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada a más de 400 investigadores, profesionales, naturalistas y especialistas en conservación. Organizado por SEO/BirdLife junto a la Sociedade Portuguesa para o Estudo das Aves, el encuentro desarrollará hasta el sábado un amplio programa científico, al que se sumarán el domingo distintas salidas de campo.
La inauguración dejó desde sus primeros minutos una idea común entre las distintas intervenciones: conocer qué está sucediendo con las poblaciones de aves se ha convertido en una herramienta imprescindible para comprender también el estado de los ecosistemas. Ciencia, seguimiento a largo plazo, conservación y capacidad de trasladar los datos a las políticas públicas ocuparon buena parte de un acto que reunió en el Aula Magna a representantes de las administraciones, la Universidad de Granada y las organizaciones conservacionistas.
El secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, defendió el papel de las aves como uno de los indicadores más fiables para interpretar los cambios que afectan al territorio y reclamó sistemas de seguimiento sólidos y continuados. Su intervención insistió en una cuestión que atravesó buena parte de la mañana: no puede existir una política ambiental eficaz sin información científica suficiente que permita conocer las tendencias de las especies, evaluar las amenazas y comprobar si las medidas adoptadas funcionan.
Morán puso en valor el trabajo acumulado durante décadas por SEO/BirdLife y por las redes de observadores y voluntarios que proporcionan buena parte de esos datos. También se refirió a las posibilidades abiertas por tecnologías como el seguimiento mediante GPS, la teledetección, los sistemas de información geográfica o la inteligencia artificial aplicada al reconocimiento de imágenes y sonidos, aunque recordó que ninguna de esas herramientas sustituye a la experiencia de investigadores y profesionales que trabajan directamente sobre el terreno.
El responsable estatal de Medio Ambiente abordó igualmente algunas de las principales presiones que soportan actualmente las aves: pérdida y fragmentación de hábitats, degradación de humedales, colisiones con infraestructuras, contaminación, especies invasoras o los efectos del cambio climático. En ese contexto situó el Plan Nacional de Restauración de la Naturaleza y avanzó también la tramitación de medidas destinadas a reducir el impacto de los tendidos eléctricos sobre la avifauna.
La ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico intervino posteriormente mediante un mensaje grabado en vídeo dirigido a los asistentes. Aunque no pudo desplazarse a Granada, quiso participar en la apertura de un congreso que definió como una referencia para el conocimiento científico y la conservación de la biodiversidad.
En su intervención recordó que España reúne una de las mayores diversidades de aves de la Unión Europea y subrayó la necesidad de reforzar la investigación en un escenario condicionado por la crisis de biodiversidad y el cambio climático. La ministra destacó asimismo el trabajo realizado por SEO/BirdLife durante más de siete décadas y se refirió al próximo Atlas de Migración de las Aves de España como una herramienta construida a partir de más de un siglo de información y destinada a mejorar tanto la investigación como la gestión del territorio.
También hizo referencia al envío a Bruselas de la propuesta española del Plan Nacional de Restauración y a los trabajos sobre algunos de los principales humedales del país, espacios fundamentales para millones de aves migratorias. El mensaje volvió a conectar con una de las ideas centrales de toda la inauguración: la conservación necesita ciencia, pero también continuidad, financiación y capacidad para convertir los resultados de esa investigación en decisiones.
La Universidad de Granada tuvo igualmente un protagonismo destacado durante el acto. Su director de Investigación, Sergio Navas Concha, recordó la trayectoria del Departamento de Zoología de la institución y las décadas de trabajo desarrolladas por investigadores granadinos en campos vinculados a la ecología, el comportamiento y la conservación de las aves.
Navas destacó además el interés despertado por la convocatoria, hasta el punto de que numerosas propuestas no pudieron incorporarse al programa por falta de espacio. Para la Universidad de Granada, señaló, acoger durante cinco días a investigadores especializados en estas materias supone también reconocer una línea de trabajo científico que mantiene una fuerte vinculación con el territorio.
Granada ofrece para ello un escenario especialmente amplio. Sierra Nevada, los humedales, los espacios agrícolas y el propio medio urbano permiten estudiar en distancias relativamente cortas situaciones ecológicas muy diferentes. Esa diversidad aparecerá durante los próximos días en ponencias, comunicaciones y debates científicos.
Uno de los momentos centrales de la inauguración llegó con la entrega de los Premios Francisco Bernis, que en su undécima edición reconocieron trayectorias muy distintas dentro de la investigación, la conservación y la divulgación de la naturaleza.
El Premio Francisco Bernis a la Conservación fue concedido a Javier Castroviejo Bolívar, cuya trayectoria está estrechamente vinculada a la Estación Biológica de Doñana, que dirigió entre 1975 y 1988. El jurado reconoció su participación durante décadas en la protección de este espacio y su trabajo tanto en España como en organismos y programas internacionales de conservación.
Castroviejo aprovechó su intervención para volver precisamente sobre Doñana y reclamar que su conservación no quede reducida a declaraciones de intenciones. Su discurso tuvo más de advertencia que de celebración. Reivindicó la importancia de recuperar los hábitats y recordó el papel que organizaciones científicas y conservacionistas han desempeñado históricamente cuando las administraciones no han sido suficientes.
El reconocimiento a la investigación novel recayó en un investigador cuyo trabajo ha estudiado los patrones de distribución de las aves y las consecuencias ecológicas asociadas a su pérdida. Al recoger el premio quiso compartirlo con mentores, colaboradores y estudiantes, recordando que la investigación científica difícilmente puede entenderse como una actividad individual y que detrás de cada resultado existen equipos que trabajan durante años.
El Premio Juvenil de Conservación fue para Germán López, conocido en redes sociales como The Melerus, que ha construido una comunidad de millones de seguidores alrededor de contenidos sobre naturaleza y fauna. Desde el escenario reconoció sentirse pequeño ante una sala repleta de ornitólogos e investigadores y aprovechó para recordar que la divulgación sólo tiene sentido si se sostiene sobre el trabajo previo de quienes pasan horas en el campo haciendo conservación efectiva.
Su mensaje estuvo dirigido especialmente a los jóvenes. Les animó a no esperar a que sean otros quienes comiencen los proyectos de conservación y recordó que algunas iniciativas nacen sin apenas medios económicos, únicamente con personas dispuestas a ponerlas en marcha.
Pero uno de los reconocimientos con mayor carga humana de la jornada fue el Premio Francisco Bernis a la Conservación Internacional, concedido a la Sociedad Ucraniana para la Protección de las Aves.
La organización recibió el galardón por mantener su trabajo de conservación en unas condiciones marcadas por la invasión rusa y por una guerra que desde hace años condiciona la vida diaria de Ucrania. El premio adquirió así una dimensión que iba mucho más allá de la propia ornitología.
La representante de la organización explicó ante el auditorio que la guerra les ha arrebatado oportunidades y personas, pero no la convicción de que la naturaleza continúa importando incluso bajo los bombardeos. Su intervención dejó una de las frases que mejor resumieron ese trabajo: “Las aves no esperan la paz para nacer y migrar. Y nosotros tampoco esperamos”.
La organización continúa desarrollando sus proyectos pese a las dificultades materiales y personales. “Estamos luchando y estamos viviendo”, explicó antes de agradecer el respaldo recibido por parte de SEO/BirdLife y de la red internacional BirdLife.
Fue un discurso breve y contenido, precisamente por eso especialmente directo. En una mañana dominada por cifras, programas científicos y políticas ambientales, el premio introdujo la realidad de quienes intentan conservar especies y espacios naturales mientras su propio país afronta una guerra.
Motril Digital ampliará próximamente esta historia con una entrevista realizada a la representante de la Sociedad Ucraniana para la Protección de las Aves, en la que abordará cómo se mantiene el trabajo conservacionista en un país sometido desde hace años al conflicto armado.
El apartado dedicado a la divulgación tuvo dos protagonistas muy diferentes. El chef Ángel León recibió uno de los reconocimientos por su trabajo alrededor de los ecosistemas marinos y por la relación que ha establecido entre gastronomía, investigación y recuperación ambiental.
León recurrió al humor nada más subir al escenario para preguntarse qué hacía un cocinero en un congreso de ornitología, pero rápidamente llevó su intervención a uno de los proyectos que desarrolla en una antigua marisma degradada del Puerto de Santa María. Allí, explicó, se ha trabajado en la restauración de caminos, salinas y ecosistemas, además de mantener el espacio abierto al público.
La periodista Rosa M. Tristán recibió también el Premio Francisco Bernis de Divulgación por una trayectoria de décadas dedicada al periodismo científico y ambiental. Su discurso tuvo un tono especialmente periodístico al advertir del peso creciente de la desinformación, los discursos negacionistas y los algoritmos que favorecen el ruido frente al conocimiento.
Tristán defendió la función del periodista ambiental como intermediario entre la comunidad científica y una sociedad que necesita herramientas para comprender problemas cada vez más complejos. Reivindicó asimismo una especialidad que, pese a la gravedad de los asuntos que cubre, no siempre dispone del espacio que merece en los medios.
El último de los grandes reconocimientos de la jornada fue el Premio Francisco Bernis a la Trayectoria Personal, concedido al investigador Juan Moreno, del Museo Nacional de Ciencias Naturales, con alrededor de doscientas publicaciones científicas desarrolladas a lo largo de una extensa carrera.
Moreno recordó su vinculación con SEO/BirdLife desde hace más de medio siglo y cómo, cuando ingresó en la sociedad, todavía era necesario contar con avales y esperar la votación de los socios. Más allá de la transformación experimentada por la organización desde entonces, destacó que haya mantenido su núcleo científico y el rigor en el estudio de las aves.
La entrega terminó con una fotografía de familia sobre el escenario, uno de los momentos más buscados por los fotógrafos acreditados y que reunió a premiados, responsables institucionales y representantes de SEO/BirdLife antes de que el congreso entrara definitivamente en su contenido científico.
Juan Carlos Senar, investigador del Museu de Ciències Naturals de Barcelona, fue el encargado de pronunciar la conferencia inaugural bajo el título “Carboneros de bosque y de ciudad: historias de un viaje evolutivo”, abriendo así un programa que durante los próximos días recorrerá algunas de las principales líneas actuales de investigación ornitológica.
Migración, reproducción, comportamiento, genética, aves urbanas, tendidos eléctricos, cambio climático, contaminación por plásticos, restauración de especies, espacios protegidos y nuevas tecnologías aparecen repartidos entre alrededor de 70 comunicaciones orales y cerca de 160 trabajos científicos en formato póster.
El programa incluye además mesas redondas, sesiones plenarias y encuentros dedicados a cuestiones que trascienden el ámbito estrictamente científico, desde el voluntariado ambiental hasta la relación entre naturaleza y salud o la comunicación en tiempos de desinformación.
El congreso continuará hasta el sábado en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada y finalizará con la conferencia de clausura de Sarah E. Bush, de la Universidad de Utah, la entrega de nuevos reconocimientos y el acto oficial de cierre. El domingo, las aulas dejarán paso al territorio con excursiones ornitológicas a Sierra Nevada y a la desembocadura del Guadalhorce.
Durante estos días Granada no será únicamente la sede de un congreso. Será también el lugar donde investigadores, gestores, divulgadores y conservacionistas comparen lo que están viendo en el campo, discutan qué está cambiando y traten de convertir ese conocimiento en decisiones. Y, en mitad de todas esas conversaciones, el mensaje llegado desde Ucrania recordó que hay lugares donde seguir observando, estudiando y protegiendo un ave se ha convertido también en una manera de seguir defendiendo la vida.