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Fotos Ramón Martín (Motril Digital)
El puente del Día de Todos los Santos dejó una intensa actividad para el Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil de Granada, que realizó siete intervenciones entre el 31 de octubre y el 3 de noviembre. Caídas, lesiones en rutas de montaña, problemas de salud en altura e incluso dos perros atrapados en un barranco marcaron unas jornadas de trabajo en las que los especialistas tuvieron que desplegar distintos dispositivos de rescate.
Las actuaciones comenzaron el sábado 31 de octubre en Sierra Nevada. Un ciclista de 57 años sufrió una caída cerca del refugio de la Carihuela, en el término municipal de Monachil, que le provocó una lesión en la rodilla y le impidió continuar. Los agentes, junto a la Unidad Aérea, le inmovilizaron la pierna y lo evacuaron en helicóptero hasta un hospital de Granada.
El domingo fue una senderista de 50 años quien necesitó ayuda en el área recreativa de Prado Negro, en Huétor Santillán. Una caída durante la ruta le ocasionó una posible fractura de peroné. Los especialistas la trasladaron en camilla hasta su vehículo, donde quedó a cargo de un acompañante para acudir a un centro sanitario.
El lunes 2 de noviembre se sucedieron otras dos intervenciones. La primera tuvo como protagonista a un joven de 22 años que se lesionó una rodilla mientras recorría Los Cahorros, en Monachil. Cuatro especialistas lo evacuaron en camilla hasta una zona de aparcamiento para que recibiera atención médica.
Horas después, otro joven, de 21 años, tuvo que ser rescatado cerca de Mulhacén II, en el término de Trevélez, tras presentar síntomas compatibles con mal agudo de montaña. Había pasado la noche en el refugio de La Caldera y no podía continuar el descenso. El GREIM y la Unidad Aérea evacuaron tanto al afectado como a su acompañante hasta el Hospital Universitario Clínico San Cecilio de Granada.
Una de las intervenciones más llamativas llegó el martes 3 de noviembre en la Rambla de los Volaores, en Dúrcal. Dos perros de caza habían quedado atrapados en una zona escarpada después de una jornada cinegética y su propietario, que podía escuchar sus ladridos pero no alcanzarlos, pidió ayuda a la Guardia Civil.
Dos especialistas descendieron mediante técnicas de rápel hasta localizar a los animales. Después de ganarse su confianza, les colocaron arneses especiales y consiguieron izarlos por la pared opuesta. Uno de los perros estaba tan agotado que no podía caminar y tuvo que ser transportado a la espalda por uno de los rescatadores.
La operación se prolongó durante unas cinco horas y terminó con los dos animales en buen estado y de nuevo junto a su dueño.