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Guardias Civiles Solidarios entrega camas hospitalarias y material médico en un hogar de enfermos abandonados en Perú

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Guardias Civiles Solidarios entrega camas hospitalarias y material médico en un hogar de enfermos abandonados en Perú

Por redacción MotrilDigital - 1 de octubre de 2026Actualizado: 1 de octubre de 2026

Reportaje Ramón Martín (Motril Digital)

La expedición de la ONG auxilia al centro de cuidados paliativos Miskimaría, en Lima, con un cargamento sanitario de primera necesidad y un lote de pañales, un recurso crítico del que consumen 55 paquetes a la semana.

LIMA (Perú).– Hay lugares donde la medicina deja de medirse en frascos de jarabe para empezar a contarse en caricias. Uno de esos rincones es Miskimaría, una de las casas de la Asociación de las Bienaventuranzas en el extrarradio de Lima. Hasta allí se ha desplazado la expedición de la Operación Juanvi de la ONG Guardias Civiles Solidarios, encontrándose de frente con una de las realidades más duras y, a la vez, más hermosamente humanas de toda su cobertura humanitaria en el país andino: el refugio de los que no tenían a nadie.

La visita de la organización española no fue protocolaria; los voluntarios acudieron para entregar en persona un valioso cargamento de primera necesidad destinado a sostener el complejo engranaje diario del centro. Entre el material descargado a pulso destacan diversos artículos médicos, insumos sanitarios esenciales, varias camas hospitalarias móviles diseñadas para mejorar la calidad de vida y la movilidad de los enfermos más críticos, y, de manera muy significativa, un gran lote de pañales de adultos. Este último artículo representa una de las batallas más difíciles del centro debido a su elevado coste y a su consumo vertiginoso: la casa necesita un mínimo de 55 paquetes de pañales cada semana para garantizar unas condiciones dignas a sus residentes.

Inaugurada el 21 de noviembre de 2023 por la incansable obra del padre Omar Sánchez, Miskimaría nació con un propósito que estremece el alma: ofrecer cuidados paliativos y atención integral a personas en situación de extrema vulnerabilidad que padecen enfermedades crónicas o secuelas terminales y que carecen por completo de una familia o un hogar donde pasar sus últimos días. Aquí, a quienes el mundo llama pacientes, el equipo del centro los denomina con orgullo «residentes».

Detrás de cada puerta de la casa late una historia rota que la solidaridad de la expedición busca amortiguar. Como la de Saúl, un hombre cuya vida cambió en un segundo al caer desde cuatro metros de altura de un árbol, sufriendo una lesión en la columna cervical que lo dejó cuadripléjico y postrado. O las de tantos niños que conviven desde su nacimiento con el peso de la parálisis cerebral, la epilepsia o trastornos psiquiátricos severos. La mayoría llegó aquí tras haber sido abandonados en las camas de los hospitales públicos o directamente recogidos de la hostilidad de las calles de Lima.

El milagro cotidiano de Miskimaría no es el esfuerzo de una sola persona, sino de una red invisible y constante. Liderados en la coordinación médica por la doctora Laura Listano, es el bloque de trabajadores y voluntarios locales de la «familia Buenaventura» el que sostiene el día a día. Son ellos quienes, con turnos interminables y un desgaste emocional tremendo, devuelven la condición de seres humanos a quienes la sociedad había invisibilizado. Como explican desde el centro, la brutalidad de las cifras de consumo demuestra por qué las donaciones externas y el apoyo a la organización son tan vitales; su labor diaria consiste en blindar la dignidad de estas personas a través de un techo seguro, una comida caliente, el aseo diario y una atención cargada de cariño y humanidad.

Durante la descarga y la convivencia, los momentos de conexión humana superaron cualquier barreta. Fue el caso de Stephanie, una joven con parálisis cerebral de nacimiento y sin referentes familiares, que lleva años cobijada bajo el manto del hogar. Su sonrisa brilló de una manera especial cuando los voluntarios de Guardias Civiles Solidarios le regalaron una pulsera, un pequeño gesto que para ella significaba el mundo entero. Junto a ella, Yamile, otra residente con la misma condición, compartía el espacio y el afecto de una jornada donde el personal de Miskimaría y la expedición unieron sus manos en una sola misión.

La jornada en Miskimaría se cerró con el compromiso renovado de la Operación Juanvi de seguir sirviendo de puente con estas almas que solo necesitan una mano que las acaricie cuando el dolor aprieta. El testimonio de los trabajadores, la advertencia sobre las necesidades críticas de la dGuardias Civiles Solidarios entrega camas hospitalarias y material médico en un hogar de enfermos abandonados en Perú

La expedición de la ONG auxilia al centro de cuidados paliativos Miskimaría, en Lima, con un cargamento sanitario de primera necesidad y un lote de pañales, un recurso crítico del que consumen 55 paquetes a la semana.

Por Redacción Motril Digital

LIMA (Perú).– Hay lugares donde la medicina deja de medirse en frascos de jarabe para empezar a contarse en caricias. Uno de esos rincones es Miskimaría, una de las casas de la Asociación de las Bienaventuranzas en el extrarradio de Lima. Hasta allí se ha desplazado la expedición de la Operación Juanvi de la ONG Guardias Civiles Solidarios, encontrándose de frente con una de las realidades más duras y, a la vez, más hermosamente humanas de toda su cobertura humanitaria en el país andino: el refugio de los que no tenían a nadie.

La visita de la organización española no fue protocolaria; los voluntarios acudieron para entregar en persona un valioso cargamento de primera necesidad destinado a sostener el complejo engranaje diario del centro. Entre el material descargado a pulso destacan diversos artículos médicos, insumos sanitarios esenciales, varias camas hospitalarias móviles diseñadas para mejorar la calidad de vida y la movilidad de los enfermos más críticos, y, de manera muy significativa, un gran lote de pañales de adultos. Este último artículo representa una de las batallas más difíciles del centro debido a su elevado coste y a su consumo vertiginoso: la casa necesita un mínimo de 55 paquetes de pañales cada semana para garantizar unas condiciones dignas a sus residentes.

Inaugurada el 21 de noviembre de 2023 por la incansable obra del padre Omar Sánchez, Miskimaría nació con un propósito que estremece el alma: ofrecer cuidados paliativos y atención integral a personas en situación de extrema vulnerabilidad que padecen enfermedades crónicas o secuelas terminales y que carecen por completo de una familia o un hogar donde pasar sus últimos días. Aquí, a quienes el mundo llama pacientes, el equipo del centro los denomina con orgullo «residentes».

Detrás de cada puerta de la casa late una historia rota que la solidaridad de la expedición busca amortiguar. Como la de Saúl, un hombre cuya vida cambió en un segundo al caer desde cuatro metros de altura de un árbol, sufriendo una lesión en la columna cervical que lo dejó cuadripléjico y postrado. O las de tantos niños que conviven desde su nacimiento con el peso de la parálisis cerebral, la epilepsia o trastornos psiquiátricos severos. La mayoría llegó aquí tras haber sido abandonados en las camas de los hospitales públicos o directamente recogidos de la hostilidad de las calles de Lima.

El milagro cotidiano de Miskimaría no es el esfuerzo de una sola persona, sino de una red invisible y constante. Liderados en la coordinación médica por la doctora Laura Listano, es el bloque de trabajadores y voluntarios locales de la «familia Buenaventura» el que sostiene el día a día. Son ellos quienes, con turnos interminables y un desgaste emocional tremendo, devuelven la condición de seres humanos a quienes la sociedad había invisibilizado. Como explican desde el centro, la brutalidad de las cifras de consumo demuestra por qué las donaciones externas y el apoyo a la organización son tan vitales; su labor diaria consiste en blindar la dignidad de estas personas a través de un techo seguro, una comida caliente, el aseo diario y una atención cargada de cariño y humanidad.

Durante la descarga y la convivencia, los momentos de conexión humana superaron cualquier barreta. Fue el caso de Stephanie, una joven con parálisis cerebral de nacimiento y sin referentes familiares, que lleva años cobijada bajo el manto del hogar. Su sonrisa brilló de una manera especial cuando los voluntarios de Guardias Civiles Solidarios le regalaron una pulsera, un pequeño gesto que para ella significaba el mundo entero. Junto a ella, Yamile, otra residente con la misma condición, compartía el espacio y el afecto de una jornada donde el personal de Miskimaría y la expedición unieron sus manos en una sola misión.

La jornada en Miskimaría se cerró con el compromiso renovado de la Operación Juanvi de seguir sirviendo de puente con estas almas que solo necesitan una mano que las acaricie cuando el dolor aprieta. El testimonio de los trabajadores, la advertencia sobre las necesidades críticas de la doctora Laura y el ejemplo de los cooperantes de Guardias Civiles Solidarios quedan grabados en la libreta de campo de esta expedición como el recordatorio más absoluto de por qué la ayuda humanitaria es, por encima de todo, un deber de amor y justicia humanaoctora Laura y el ejemplo de los cooperantes de Guardias Civiles Solidarios quedan grabados en la libreta de campo de esta expedición como el recordatorio más absoluto de por qué la ayuda humanitaria es, por encima de todo, un deber de amor y justicia humana