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Reportaje Paulino Martínez Moré (Motril Digital)
La patrona del barrio de Capuchinos protagonizó este sábado su salida procesional, en una jornada marcada por la expectación de los devotos y la amenaza de lluvia.
El barrio de Capuchinos volvió a convertirse este sábado en escenario de una de las citas destacadas del calendario religioso motrileño con la salida procesional de la Divina Pastora. La venerada imagen recorrió las calles de su entorno en una jornada en la que la tradición, la fe y el arraigo vecinal volvieron a cobrar protagonismo, pese a la incertidumbre meteorológica de una tarde marcada por los cielos amenazantes.
La salida desde la parroquia de la Divina Pastora, prevista para las 18:30 horas, marcó el comienzo de una nueva jornada de devoción en torno a la conocida como Reina de Capuchinos. La expectación ante el paso de la imagen volvió a poner de manifiesto el vínculo que une a la hermandad con los vecinos de este barrio motrileño, donde su presencia forma parte de una tradición transmitida de generación en generación.
La Divina Pastora, representada con su característica iconografía de pastora, volvió a centrar las miradas de quienes se acercaron para acompañarla durante su recorrido. La salida procesional, anunciada con una salva de cohetes, dio paso al avance del cortejo por las calles del barrio, en una tarde en la que la posibilidad de lluvia estuvo presente desde los primeros momentos.
El itinerario previsto incluía distintas vías del entorno de Capuchinos y otros puntos de Motril, con paso por la avenida de Pío XII, Depósito, Ernesto Mira, Espíritu Santo, Isaac Peral, Salvador Huertas, Doctor Fleming y Pedro Calderón de la Barca, entre otras calles, antes del regreso al entorno del templo.
A lo largo del recorrido, la procesión volvió a acercar la devoción a la Divina Pastora a los vecinos, manteniendo ese carácter cercano que distingue a las celebraciones religiosas vinculadas a la vida de los barrios. El paso de la imagen constituye cada año una oportunidad para compartir una tradición que combina religiosidad popular, memoria colectiva y sentimiento de pertenencia.
La procesión de la Divina Pastora mantiene una estrecha relación con la identidad histórica y espiritual del barrio. Su significado va más allá de la celebración religiosa y se proyecta sobre la vida cotidiana de una comunidad que encuentra en esta devoción uno de sus principales referentes colectivos.
La presencia de la imagen en las calles renueva cada año ese vínculo entre la hermandad y los vecinos, al tiempo que mantiene viva una tradición profundamente arraigada en la historia religiosa de Motril.
Con su salida de este sábado, la Divina Pastora volvió a ocupar un lugar central en la vida cofrade de la ciudad durante el otoño. Una cita en la que la devoción popular y el sentimiento de barrio se dieron nuevamente la mano, en una jornada cuyo desarrollo final quedó condicionado por la evolución de la meteorología.