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Motril: El Santo Sepulcro y la Virgen de los Dolores firman una sobria y brillante estación de penitencia en la noche del Viernes Santo

Reportaje Paulino Martínez Moré (Motril Digital)

La Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de los Dolores puso el broche a la jornada del Viernes Santo en Motril con una estación de penitencia marcada por la sobriedad, el clasicismo y el sello propio de las cofradías de negro. El cortejo, ya recogido en la Iglesia Mayor de la Encarnación, dejó en la calle una de las estampas más serias y recogidas de la Semana Santa motrileña.

Abrió la procesión el paso del Cristo Yacente, obra de Domingo Sánchez Mesa, dispuesto en su característica urna, que avanzó con un andar largo y medido, sin concesiones, como exige el misterio que representa. La capilla musical, interpretando piezas fúnebres, marcó el compás de una cuadrilla que supo imprimirle al paso ese aire de entierro solemne, con chicotás largas y levantás limpias, siempre de frente.

El discurrir por el centro histórico se produjo con orden y rigor, destacando el tránsito por enclaves emblemáticos donde el público respondió con respeto, guardando silencios que realzaron aún más la presencia del Santo Sepulcro. La entrada en Carrera Oficial dejó una estampa de categoría, con el paso perfectamente encuadrado y luciendo su impronta clásica.

Tras el misterio, el palio de Nuestra Señora de los Dolores puso la nota de elegancia y emotividad. La dolorosa de Antonio Illanes, bajo su techo de palio, avanzó con un andar cadencioso, bien llevado por su cuadrilla, que supo mecerlo con temple y gusto. La candelería encendida y el exorno floral acompañaron a una Virgen que conectó con el público, mientras la banda interpretaba un repertorio de marchas fúnebres que envolvieron su caminar.

Uno de los momentos más significativos de la noche se vivió durante el recorrido, cuando el que fuera capataz de la cofradía, José Joaquín Jerónimo Miranda, invitó a la cuadrilla a realizar una levantá, en un gesto de agradecimiento hacia la hermandad. La maniobra, ejecutada con precisión, fue recibida con emoción y respeto por los presentes.

Con la recogida, la cofradía completó una estación de penitencia seria y sin estridencias, reafirmando su papel dentro del Viernes Santo motrileño como una de las corporaciones que mejor conserva el sentido clásico y fúnebre de esta jornada.