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Motril: El silencio sobrecogió la madrugada con la salida del Cristo de la Buena Muerte

Reportaje Paulino Martínez Moré (Motril Digital)

La madrugada del Jueves Santo en Motril volvió a quedar envuelta en un silencio sobrecogedor con la salida de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte “El Silencio”, una de las estaciones de penitencia más singulares y emotivas de la Semana Santa local.

A las doce en punto, desde la Iglesia Mayor Parroquial de la Encarnación, se abrieron las puertas del templo y comenzó a derramarse lentamente un cortejo marcado por la sobriedad y el recogimiento. Vestidos completamente de negro, los nazarenos avanzaron en riguroso silencio, algunos de ellos portando cadenas en los tobillos como símbolo de penitencia, mientras la oscuridad se hacía protagonista al apagarse el alumbrado público en buena parte del recorrido.

El único sonido que rompía la quietud de la noche era el golpe seco de un tambor, que marcaba el paso del cortejo y acentuaba aún más la atmósfera de respeto. A diferencia de otras hermandades, no hubo música ni adornos superfluos: toda la atención recayó en la imagen del crucificado.

El paso, austero y sin grandes ornamentos, portaba al Santísimo Cristo de la Buena Muerte, una talla de gran realismo atribuida al escultor Domingo Sánchez Mesa. La imagen, que representaba a Cristo ya muerto en la cruz, mostraba con crudeza las huellas de la Pasión, provocando entre los presentes un profundo recogimiento.

Uno de los momentos más impactantes se vivió a la salida, cuando el Cristo, inicialmente dispuesto en posición horizontal, fue elevado lentamente hasta quedar erguido, proyectando su silueta sobre la fachada del templo. La escena, acompañada únicamente por el silencio y la tenue luz, generó una imagen de gran fuerza simbólica que fue seguida con atención por los fieles congregados.

El cortejo recorrió diversas calles del centro histórico, desde Plaza de la Libertad hasta la Carrera Oficial en Plaza Gaspar Esteva, donde el respeto del público fue absoluto. No hubo aplausos ni vítores, solo miradas fijas y un silencio compartido que acompañó a la cofradía durante todo su itinerario.

La estación de penitencia concluyó de madrugada, cuando el paso regresó nuevamente al interior del templo, poniendo fin a una procesión que, un año más, destacó por su austeridad, su carga simbólica y su capacidad para transformar la noche motrileña en un espacio de reflexión y recogimiento.