Motril: Pequeños nazarenos del Gran Poder abren las procesiones de la Semana Santa
Reportaje Paulino Martínez Moré (Motril Digital)
Motril vuelve a abrir las puertas de su Semana Santa de la mano de los más pequeños, que son, sin duda, el latido más puro de la tradición cofrade. Un año más, el Grupo Joven de la Fervorosa Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor ha sido el encargado de anunciar que ya huele a incienso en la ciudad, con su salida desde la Casa de Hermandad en la calle de las Monjas.
Lejos de ser un simple acto simbólico, esta procesión infantil se ha convertido en una cita imprescindible en la antesala de la Semana Santa motrileña. Desde su creación en 2012, la hermandad ha sabido tejer un vínculo especial con su gente, y especialmente con los más jóvenes, que encuentran en este día una forma de vivir la fe desde dentro.
Las réplicas en miniatura de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor, fielmente inspiradas en las imágenes de Antonio Fernández, vuelven a recorrer las calles sostenidas por manos pequeñas pero llenas de devoción. En cada paso, en cada levantá, se percibe esa mezcla de nervios, ilusión y respeto que solo los niños saben transmitir con tanta verdad.
El cortejo, nutrido y cada vez más consolidado, avanza con orden y seriedad, con decenas de pequeños nazarenos vistiendo el hábito de la hermandad y dando forma a una estampa que emociona a vecinos y familiares. Bajo el paso, una cuadrilla también joven, guiada con mimo y firmeza, demuestra que aquí no se juega a ser cofrade: se es, desde el primer momento.
La música vuelve a poner el alma al recorrido, con los sones que acompañan cada tramo y envuelven la escena en ese ambiente tan reconocible de la Semana Santa. Todo suma para que la tarde se convierta en una auténtica lección de cantera, de esas que aseguran el futuro de nuestras hermandades.
Porque si algo queda claro en Motril es que la Semana Santa no solo se hereda, se aprende viviéndola. Y en esta salida, los más pequeños no solo participan: toman el relevo, mantienen viva la llama y recuerdan que, mientras haya niños dispuestos a vestirse la túnica, la tradición seguirá caminando con paso firme por las calles de la ciudad.

