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España volvió a soñar con la victoria en Eurovisión Junior. Lucas Paulano, el joven artista jienense de diez años, cerró la gala con una interpretación de Cuore Bello (Te quiero, te quiero) que convirtió los recuerdos, el amor y las emociones cotidianas en el hilo conductor de una actuación cuidada al detalle. Al final de la noche, el representante español se colgó la medalla de plata con 184 puntos. El oro viajó a Armenia, donde Naré celebró su triunfo con BOO! y sus 202 puntos.
La final, celebrada en el Malta Fairs & Conventions Centre de Ta’ Qali, reunió a 16 países en una edición marcada por la diversidad musical y las propuestas visuales. Pero el desenlace tuvo dos protagonistas indiscutibles: una España que acarició el micrófono de cristal y una Armenia que supo aprovechar la última fase de la votación para conquistar la victoria.
Lucas no necesitó recurrir a una propuesta estridente para hacerse notar. Su canción, construida alrededor de las personas y las experiencias que dejan huella en nuestras vidas, encontró su fuerza en la sensibilidad. La puesta en escena acompañó ese mensaje con un recorrido por los recuerdos de su infancia, una estructura luminosa que evolucionaba durante la actuación y un desenlace pensado para conectar al artista con el público.
España había terminado en segunda posición en la votación del jurado profesional, con 108 puntos, solo seis menos que Francia. Era una señal clara de que la candidatura tenía opciones reales de luchar por el triunfo. Sin embargo, el voto en línea cambió el rumbo de la clasificación: Armenia sumó 99 puntos del público y alcanzó los 202 definitivos, mientras que España añadió 76 para cerrar su participación con 184.
La diferencia final fue de 18 puntos. Francia, que había encabezado el voto profesional con 114 puntos, terminó tercera con 165 tras recibir 51 puntos en la votación en línea.
Para Armenia, la victoria supone su tercer triunfo histórico en Eurovisión Junior, después de los conseguidos en 2010 y 2021. Para España, la segunda posición representa otro resultado destacado y confirma la capacidad del país para competir por el título. La única victoria española continúa siendo la de María Isabel, que conquistó el certamen en 2004 con Antes muerta que sencilla.
La noche deja, por tanto, dos historias que merecen ser contadas: la de Naré, que llevó a Armenia de nuevo a lo más alto, y la de Lucas Paulano, que defendió los colores españoles con una propuesta emotiva y una puesta en escena ambiciosa. El trofeo tiene nuevo dueño, pero España regresa de Malta con motivos para celebrar y con la sensación de haber estado muy cerca de escribir una nueva página dorada en la historia del festival.